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| Libro de artículos escritos por Orlando Sierra Hernández, publicado por la U. de Caldas. |
¿Y ahora qué hacemos? Llorar ayuda en grado sumo, recordar es una forma de revivir, continuar es una respuesta vital, olvidar… jamás.
A nosotros los estudiantes nos queda de Orlando el compromiso de buscar aquel rostro hermoso que cuando nos deja ver uno de sus gestos, causa cierto romance. Pero cuando nos sonríe, suele costarnos la vida.
Ese es el rostro de la verdad, el único rostro que valida la muerte en el recuerdo de la historia.
Orlando Sierra fue un militante de la palabra y con su ejército de tinta libró batallas contra el silencio y en una de ellas le cambiaron las palabras por proyectiles, exactamente esos que de una u otra forma también nos atraviesan, porque el llamado que nos hizo Orlando causó que nos sintiéramos profundamente periodistas. Y qué labor más bella que la de ser testigo fiel y ruidoso de la verdad.
Buscar culpables es difícil y quizás no sea un terreno que nos competa, porque de alguna forma somos culpables, en la medida en que no exigimos una sociedad mejor en la que sería imposible acallar un ejército de palabras con sólo dos disparos.
Como ya lo habíamos manifestado en un comunicado, nuestra labor es ahora proteger la integridad de los ideales que no tienen muerte clínica ni de ningún otro tipo, porque siempre tienen un guardían, un vocero que lucha incansablemente contra el olvido.
Ahora no queda más que perpetuar la calidad de un oficio difícil: perpetuar el oficio de la palabra. Esa palabra que sobre cualquier cosa busca la verdad y se convierte en la verdad de uno mismo.
Como estudiantes, nos queda el deber de hacernos muchos -muchos como Orlando Sierra, como Jaime Garzón-, de no dejar que la verdad se vuelva silencio y ante todo no permitir que dos balas nos acallen la voz que siempre se resistirá a la muerte: la voz del periodismo.
*Redacté este texto cuando era consejero de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo, a manera de comunicado y como reacción al asesinato de Orlando Sierra Hernández.

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