lunes, 11 de abril de 2011

Retratos imperfectos de Silvio Sánchez (I)

“Narrar es el ejercicio de la irreverencia
porque nos asusta repetirnos
y porque nos hacemos más dignos como memoria”
Silvio Sánchez – Diálogos Imperfectos


Yo no tenía por qué estar ahí, pero ese fue el primer acto de magia. Era una tarde alicorada de martes, estaba con mis amigos pasando de lo lindo en las fiestas de la Universidad de Manizales y de esa forma lograba conjurar el desamor que vivía en aquel entonces.


No tenía sentido pensar en asistir a una conferencia a las 6:00 p.m., justo cuando el ocaso camufla el fenotipo de nuestra locura. Sin embargo, una fuerza extraña se impuso sobre el carrusel de alcohol y risas que a esa hora se movía en mi cabeza. Me paré de la mesa y me fui hacia el Banco de la República a escuchar la conferencia El mundo de la vida.



Me fui en automático. La poca conciencia que tenía estaba ocupada pensando en esa mujer a la que amaba tan profundamente, en el extraño dolor que me causaba, en sus desplantes, en la víspera de tormenta que eran sus besos, en todas esas razones que tenía para dejarla y que se volvían incienso cuando ella estaba en frente.



Mi cabeza daba vueltas, pero 30 centímetros abajo de ese mareo me atravesaba un disparo helado de melancolía.



La sala estaba llena y yo me preguntaba por qué estaba ahí, por qué aún estando ahí seguía estando con ella, como si el amor se estirara hasta doler en la distancia. Entonces apareció un hombre vitalmente veterano, de una sonrisa milenaria y sincera.



Era Silvio Sánchez Fajardo. Su nobleza había vuelto blanco gran parte de su cabello y su voz estaba afinada de tal forma que llevaba ese acento sureño de Pasto hasta los límites de la elegancia. La primera lección estaba precisamente ahí, pues descubrí que la sabiduría no tenía la voz gruesa ni el sonido alto ni el acento plano ni la confianza pedante ni la divinidad del conocimiento.



Por el contrario, la sabiduría tiene un tono de modestia que le permite fluir con el mundo, adornarse de cotidianidad, preguntar y ser un interrogante. En efecto, un conocimiento que no le sonríe o que no danza con los niños, no es más que un saber en vano.

Ese era precisamente el tono de la voz de Silvio Sánchez Fajardo.



Continuará...


4 comentarios:

  1. ¿Cómo se esconden las lágrimas?? No vuelvo a leerte en la oficina!!!
    Que lejos estamos de ser sabios, por lo menos hay algo de conciencia para reconocer a los que sí y disfrutarlos. Quédate con eso y escribe las partes que faltan, la esperaré pacientemente.

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  2. Andrea Naranjo Molina11 de abril de 2011 a las 21:53

    Tendremos que preguntarle a la memoria porque son tibias aún sus palabras.

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  3. Bienvenido sea tu comentario, Andrea. Pronto habrá otra entrega y espero que la leas. Un abrazo.

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